Leonardo DiCaprio (Los Ángeles, Estados Unidos, 1974) sigue demostrando con sus personajes icónicos que es uno de los mejores intérpretes de su generación. Se ponga como se ponga la industria, el actor llena salas y convence. En esta ocasión con El gran Gatsby, la adaptación de la novela de Scott Fitzgerald dirigida por Baz Luhrman que esta semana llega a las pantallas europeas.

-Alguien que, como usted, no creció millonario y se convirtió en millonario, ¿se identifica con Jay Gatsby?

-Todo el mundo tiene algún tipo de conexión con el personaje de Gatsby. Es un hombre que se ha hecho a sí mismo, de acuerdo a sus sueños, que ha sido capaz de elevarse paso a paso de la pobreza a la riqueza. Es una auténtica historia americana. Con él vemos emerger la democracia en los años 20. Gatsby quiere emular a Rockefeller en una época en la que la riqueza en un país desconocido llamado América se formaba desde el submundo. Creo que a todos nos anima la idea de hacer realidad nuestros sueños y eso requiere mucha ambición.

-Gatsby se hace a sí mismo, como los actores.

-Absolutamente cierto. La historia de Gatsby es fascinante porque es existencial, una novela que la puedes leer ahora o dentro de cien años y siempre será actual. El protagonista busca significado a su vida. El amor que siente por Daisy es su razón de vivir, la imagen a la que adora como una reliquia de un museo.

-La historia se repite una y otra vez. Socialmente volvemos a estar como en los años de la depresión.

-De muchas maneras el libro predice el derrumbe de la sociedad a finales de los años 20. Es un libro que habla de la enorme opulencia y riqueza que había en America en aquellos tiempos. La sociedad pensaba que el futuro iba a seguir siendo así eternamente, que podían consumir y vivir de esa manera sin ningún tipo de consecuencia. Gatsby no tiene edad porque cada 80 años vuelve a ocurrir lo mismo. Lo estamos viviendo en la era moderna y es algo que los humanos seguimos haciendo. No es una novela americana, en ese sentido, es algo que ha ocurrido en todo el mundo. Fitzgerald habla de la sociedad y de la naturaleza humana en su constante persecución de la riqueza.

-En este filme trabaja con Tobey Maguire, uno de sus mejores amigos en Hollywood, y con el director Baz Lurhman, con quien rodó «Romeo y Julieta». Parece que eligió usted el equipo…

-Aventurarme en un proyecto de esta magnitud requería que yo confiara de corazón en todo el equipo y que me sintiera cómodo. Conozco a Baz Lurhman desde hace 20 años y Tobey y yo empezamos a trabajar al mismo tiempo, nos conocemos desde la infancia y somos tremendamente honestos el uno con el otro. Creo que este proyecto no se habría realizado sin las relaciones adecuadas. Era necesario mantener un equilibrio dentro y fuera de las cámaras y que existiera ese nivel de confianza.

-¿Cómo ha sido rodar de nuevo a las ordenes de Lurhman?

Al principio dudé si rodar o no, pero todas mis preocupaciones se esfumaron después de nuestras primera conversación. Trabajar todos los días con alguien que mantiene ese nivel de energía es admirable, arriesgado, pero admirable, y yo como actor no quiero caer en la banalidad. Nunca sabes cuando una película va a funcionar o no, pero al menos puedes tener una intención. La mía es conseguir participar en películas que con los años tengan resonancia, quiero formar parte de historias que se queden en la cápsula del tiempo.

-Sigue adelante con su activismo político y ambiental.

-¡Claro! Mi web está dedicada al medio ambiente. Soy un devoto de esta causa y me siento muy orgulloso de ello. Es necesario que la gente se implique y preste más atención a esto.

-Y siendo así, ¿qué le gusta a hacer en su tiempo libre?

-Ir a la playa, al mar.

-¿Conoce las playas españolas?

-He estado en Ibiza. Y aunque no tiene playa [se ríe], también he visitado Madrid, una ciudad sensacional, preciosa. Ahora quiero conocer las playas del sur, ya iré.