Tatuado de azul oscuro de la cabeza a los pies a la manera de los maoríes, el pintor y compositor checo Vladimir Franz, de 53 años, es tal vez el candidato más singular de la elección presidencial en su país.

Al preguntársele por su falta de experiencia en política, el candidato responde: “cuando uno sabe escribir sinfonías y óperas, pienso que no será tan difícil. Es una cuestión de práctica”.

“El mundo de las artes te ofrece la posibilidad de hablar de las cosas de forma auténtica. No estás infectado por la ‘neolengua’ que tiene harta a la gente”, afirma Vladimir Franz, poco antes de la primera vuelta, que se disputa el viernes y el sábado. Será además la primera vez que los checos eligen por sufragio universal directo al presidente.

“Un poco de corazón nunca puede hacer mal en política”, asegura Franz, que tiene como prioridades la educación, la tolerancia y la cultura.

Vladimir Franz se presenta como “el candidato de los ciudadanos”. Su mensaje principal a los electores es “no quedarse con los brazos cruzados” ante los políticos de siempre, y “leer entre líneas”.

Para el candidato apodado “Avatar”, el imponente tatuaje alrededor de sus ojos azules representa “la expresión de una libre voluntad que no limita la libertad de nadie; la expresión de una decisión inmutable de ser yo mismo”.

Su campaña, centrada en Facebook, atrae sobre todo a los jóvenes, a juzgar por los alrededor de 55.000 “likes” de su perfil.
En una reciente encuesta efectuada entre 61.500 alumnos de 441 escuelas secundarias de todo el país, el artista dejó en ridículo a los otros ocho candidatos, reuniendo un 40,7% de intenciones de voto.

El problema es que los menores de edad no tienen derecho de voto.
Los sondeos oficiales tampoco dan una imagen muy afinada.

Vladimir Franz oscila entre la tercera y la sexta plaza, y dos ex primeros ministros, Jan Fischer y Milos Zeman, aparecen como favoritos para pasar a la segunda vuelta y disputarse la sucesión del presidente saliente Vaclav Klaus.
Ya en el instituto, Vladimir Franz era muy distinto de sus compañeros.

Uno de sus antiguos compañeros de clase cuenta: “Cada año trabajábamos de temporeros en el campo. Una noche, en el dormitorio común, estaba intentando mis primeros acordes con la guitarra. A mi lado, con un trozo de papel y un lápiz en las manos, ‘Vlada’ me interrumpió secamente y me preguntó: ‘¿No puedes dejar de rascar? Estoy escribiendo un cuarteto para cuerdas'”.

Cuando aún no tenía el cuerpo cubierto de tatuajes, Vladimir Franz obtuvo en 1982 su diploma de Derecho en la Universidad Carlos de Praga, pero no manifestaba ningún entusiasmo por hacer una carrera de jurista bajo el régimen comunista de entonces. En su lugar se dedicó a trabajar como obrero en diversos oficios, ayudó a jóvenes en dificultad y se consagró a su arte.

“En todo lo que he hecho, siempre he empezado desde lo más bajo de la escala”, confía el que ahora es profesor en la Academia de Artes Musicales de Praga.

Seis veces laureado con el prestigioso premio de teatro “Alfred Radok”, Vladimir Franz ha compuesto música para más de 140 espectáculos. También ha compuesto numerosas óperas y muchas otras obras. Su obra como pintor es igualmente rica y apreciada.

Su última ópera, basada en la novela de ciencia-ficción del escritor checo Karel Capek, “La guerra de las salamandras”, escrita en 1936 como una advertencia contra el totalitarismo, se estrena en el Teatro Nacional de Praga este jueves, la víspera de la primera vuelta de la presidencial.