Junto con Nirvana y Soundgarden, Pearl Jam completaba el triunvirato del rock grunge de los años 90. En esa época no era raro prender la televisión y toparse con un contestatario video de Soundgarden o con el desgarrado grito de Kurt Cobain en los estudios de MTV mientras grababa su célebre “Unplugged”. No es una exageración afirmar que en esos tiempos más de uno se debe haber subido a una combi para ir al colegio y sentir el eléctrico envión de “Alive”, “Corduroy”, o cualquier otro de los temas de Pearl Jam que sonaban en las emisoras locales. Un rock emotivo, directo al corazón y siempre cuestionador de la sociedad en que vivimos. Totalmente distinto a los anestésicos ídolos de plástico que nos imponen las grandes corporaciones discográficas a través las radios de hoy. Eran otros tiempos: “un estado de amor y confianza”, como decía una canción de Pearl Jam.

La llegada de Pearl Jam a Lima es capaz de revivir recuerdos, de hacernos volver a una época en que los adolescentes escuchaban música como los griegos atendían las sentencias del Oráculo de Delfos. Una época idealista en la que los jóvenes miraban a los músicos no como inalcanzables celebridades de papel (esas que aseguran su lugar en el escenario a través de coreografías insulsas y una vida privada manejada por hábiles publicistas), sino más bien como compañeros de viaje, seres humanos que cantaban para ellos historias que nos ocurrían a todos en casa, en el colegio, en la oscuridad de una habitación donde se buscan respuestas. No lo olviden. Esta noche. Y siempre.

Estadio de San Marcos. Cuadra 36 de la Avenida Venezuela. Viernes 18 de noviembre. 9 p.m. Entrada: en todos los módulos de Tu Entrada de Plaza Vea y Vivanda.