Una de las pruebas más contundentes que venía manejando la defensa de los deudos de Michael Jackson —en el juicio que se sigue por la muerte de este en contra del médico Conrad Murray — era el que en los frascos de Propofol (anestésico que originó su muerte) no había huellas del artista. Pero esta estrategia se ha complicado en la audiencia de hoy.

Habida cuenta de que el argumento principal de la defensa de Murray es que Jackson originó su propia muerte pues se administró el Propofol —sin que el médico supiera de esto— porque era adicto al fármaco, la evidencia en la escena de su muerte hubiera probado la falsedad de esta postura. Y, en efecto, los informes policiales revelaron que no se encontraron huellas del artista en ningún contenedor o jeringa que hubiera sido usado para contener o administrar el referido fármaco.

Sin embargo, el defensor del acusado ha probado ante la justicia que un supuesto descuido de una oficial de policía que participó en la redada invalidaría tales pruebas. Las huellas de Elissa Fleak, una de las agentes encargadas de la diligencia de revisión del lugar, fueron detectadas en varios objetos y ahora se argumenta que estas podrían haber borrado las de Michael. Ello, a pesar de que Fleak insiste en que siempre usa los guantes de seguridad que impidan estos errores.

El proceso parece acercarse a su fin, a dos años de la muerte del rey del Pop. Murray podría afrontar cuatro años de cárcel.