El cantautor dominicano Juan Luis Guerra y su grupo 4.40 actuaron hoy por primera vez en China para clausurar de manera estelar el Día de la República Dominicana en la Exposición Universal de Shanghái 2010, donde llenaron la Sala Roja del Centro de la Expo, de 2.600 plazas, con “muchas caras felices”.

“Estoy muy contento”, aseguró Guerra tras el concierto, “la reacción fue la que esperaba y vi muchas caras de chinos, que en realidad lo que queremos es que conozcan nuestra música”.

“Vi muchas caras felices, que es lo importante”, comentó, después de su primer concierto en el gigante asiático, donde el dominicano más universal todavía es un desconocido para la inmensa mayoría del público chino, aunque hoy asistieron decenas de orientales entre cientos de latinos de casi todos los países hispanohablantes.

En países como China o Japón, donde Guerra se estrenó precisamente el año pasado en el festival “Isla de Salsa” de Fukuoka, como recoge en su reciente “Bachata en Fukuoka”, “yo creo que siempre necesitamos de la ayuda de los latinos para que ellos (los asiáticos) vayan entendiendo lo que es este tipo de música”.

Compartir un concierto con ellos les permite saber de primera mano “cómo se baila, cómo se vive, pero siempre necesitamos que los latinos les lleven de la mano, yo creo que así realmente es como entra nuestra música”, afirmó el artista.

“Yo creo que es cuestión de tiempo para que esta música cale con fuerza” también en Asia, dijo.

En efecto, los chinos no tardaron en dejarse contagiar por la música y bailar a su manera, llevados por la energía del merengue, aunque los organizadores de la Expo no aceptaron bien que desde el primer momento el público abandonase sus asientos y se agolpase a bailar frente al escenario.

El choque cultural llegó cuando, tras la aparición espontánea en el escenario de varias espectadoras latinas, una quincena de policías uniformados se situó entre Guerra y el público, que hasta entonces podía subir fácilmente porque aún no se habían retirado las escaleras de la ceremonia del Día de China, desde el pasado viernes.

“Nosotros no los pedimos”, le restó importancia Guerra, aunque los agentes, “me imagino que, por seguridad, pues vinieron, pero estuvo todo muy bien”.

Salvo por la apática actitud de los agentes, que pasaron repetidas veces sin menor cuidado a medio metro de los artistas, de pie y dificultando una y otra vez el espectáculo para todo el auditorio, todo fueron sonrisas, pasos de baile y cámaras de fotos entre los presentes.

Durante una hora y cuarto de concierto, que comenzó con un “ni hao, Shanghai!” por parte de Guerra (“¡hola, Shanghái!” en chino), el público disfrutó de canciones y clásicos del artista y de 4.40 como “La travesía”, “A pedir su mano”, “Ojalá que llueva café”, “Bachata rosa”, “La llave de mi corazón” o “Bachata en Fukuoka”.

Tras la aparición de los agentes en esa canción, en un guiño al público para que siguiera disfrutando, Guerra comentó: “Les vamos a hacer trabajar”, y siguió con otra docena de canciones como “El Niágara en bicicleta”, “La bilirrubina”, “Que me des tu cariño”, “La cosquillita”, “Visa para un sueño” y “Estrellitas y duendes”.

“Nuestra música es muy enérgica, y como que pone feliz a la gente, todo el mundo quiere ser feliz” y se vuelca en los conciertos, explicó Guerra, por lo que, tal y como esperaba antes del espectáculo, de la mano del público latino, los chinos superaron hoy en Shanghái la barrera del idioma.

“Yo sé que el idioma a veces influye un poquito, pero con nuestra música, como una música tan alegre y tan enérgica, todo el mundo recibe esa sensación”, concluyó.

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